5 maneras para mejorar tu vida gracias a la psicología

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¿Qué viene a tu mente cuando escuchas las palabras psicólogo, psicología o terapia?, ¿con qué conceptos las asocias?, ¿has considerado alguna vez ir a terapia?, ¿crees que realmente te podría aportar algo? La verdad es que generalmente ni nos planteamos consultar un psicólogo a menos que pasemos por una crisis. ¿Podríamos estarnos perdiendo de algo?

Pensemos en aspectos de la vida cotidiana que nos generan mucho malestar y que en ocasiones no sabemos cómo gestionar. Si bien, muchos problemas los resolvemos de modo natural e intuitivamente, todos hemos estado en algún punto en el que caemos en un círculo vicioso o nos  bloqueamos ante una situación. Pueden existir formas distintas de afrontar los problemas diarios y existen herramientas para aumentar los aspectos positivos de nuestras vidas.

Piénsalo así: si no entendieras nada de administración y quisieras montar un negocio, ¿pedirías asesoría financiera? Lo ideal sería no esperar a estar en bancarrota. Ahora bien, si fueras una persona muy organizada y que entiende algo de economía pero quisieras hacer una buena inversión, ¿te asegurarías bien antes de asumir un riesgo?

Estudiamos, pedimos ayuda o contratamos a otros para ser mejores en nuestra carrera, en nuestros hobbies, en los deportes y en mil cosas más. Pero cuando se trata de nuestras habilidades personales, nos sentimos incómodos al pedir ayuda profesional. Es como si creyéramos que la habilidad para manejar nuestras emociones y preocupaciones tuviera que darse de modo 100% natural.

El sentimiento de no conseguir gestionar nuestros problemas (sobre todo nuestros pensamientos y las emociones “negativas”) nos puede dejar con una sensación de fracaso. Y más cuando nos comparamos con los demás y parece que somos los únicos que lo llevan “tan mal”. Después de todo, “deberíamos” saber auto gestionarnos, ¿no?

La realidad es que no TENEMOS que tener respuesta y solución a todo ni es posible controlar lo que sentimos. Existen demasiados mitos y creencias culturales alrededor de las emociones. Seguramente hemos escuchado o dicho alguna de estas frases: “¡no te enfades!, ¡no estés triste!, sentir envidia es malísimo, llorar es de débiles”. A muchos nos han educado para evitar sentir o mostrar cualquier emoción que parezca “negativa”, con lo cual el hecho no poder evitar que éstas aparezcan puede llevarnos a pensar que estamos haciendo algo mal.

Por otro lado, nos incomoda mostrar señales de imperfección o vulnerabilidad. Así que terminamos intentando aparentar que todo está bajo control por vergüenza a que los demás piensen que no somos lo suficientemente capaces o fuertes. ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste cometer un error sin juzgarte?

Todos hemos llegado a sentirnos desbordados por una responsabilidad, hemos pospuesto una tarea por meses, nos hemos dejado llevar por una emoción, hemos sentido que no teníamos los recursos para afrontar una situación o hemos cometido un error “imperdonable”.

¡Y está bien! es humano sentir, equivocarse o no tener siempre la fórmula perfecta. Nos juzgamos constantemente por tener emociones que consideramos “no deberíamos estar teniendo”, por ser imperfectos, por permitirnos un día de pereza o comer un chocolate cuando estamos a dieta. Así terminamos sintiéndonos muy mal.

Si te fijas, hasta ahora hemos hablado de problemas comunes por los que podemos pasar. La psicología de hoy abarca muchas ramas que más allá de buscar “curar síntomas”, surgen para promover el bienestar psicológico y emocional. La psicología positiva, la Terapia de Aceptación y Compromiso (TAC), la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) y el Mindfulness, entre otras, son corrientes psicológicas fundamentadas en la evidencia científica y que tienen por objetivo darnos herramientas para aprender a auto gestionar nuestras emociones, resolver nuestros problemas de modo eficaz, vivir en el momento presente y pensar de un modo más objetivo. Todo esto aceptando la vida con sus aspectos buenos y malos y el sufrimiento cómo algo natural.  Se trata de intervenciones orientadas a entrenarnos para vivir mejor.

Aquí 5 conocimientos que la psicología puede aportarnos para aplicar en nuestra vida diaria:

  1. Aprender a convivir con las emociones.

Las emociones son parte de la vida y todas tienen una función evolutiva. Hemos estado en guerra con ellas durante mucho tiempo porque una emoción intensa puede llegar a ser muy desagradable, pero hoy se sabe que el mejor modo de gestionarlas es aceptar su presencia.

Cuando identificamos una emoción y en lugar de rechazarla nos permitimos sentirla, paradójicamente se irá reduciendo. Hay muchas técnicas que nos ayudan a conseguirlo cómo el mindfulness y la TAC. No podemos controlar las emociones desde la inteligencia, pero sí podemos aprender a escucharlas y decidir el modo en el que reaccionamos ante ellas.

  1. Aprender a generar nuevos hábitos.

“El lunes comienzo la dieta”, “mañana comienzo a escribir mi libro”, “la semana que viene voy a pedir mi cita” y así el lunes, mañana y la semana que entra nunca llegan. ¿Te identificas?

Gabriele Oettingen, profesora de psicología en NYU, nos habla de cómo el ser demasiado optimistas puede resultar contradictorio a la hora de plantearnos una nueva meta, ya que solemos confiarnos y esforzarnos menos. Pero ser negativo tampoco nos motiva a plantearnos nuevos retos.

Sabemos que es muy difícil vencer la procrastinación o establecer una nueva rutina, no importa cuánto lo deseamos. La TCC y la TAC nos proponen muchas técnicas para ayudarnos a ser más realistas a la hora de plantearnos metas y a conseguir poner en marcha nuestros objetivos.

  1. Aprender a vivir, aceptar y disfrutar el momento presente.

Con esto no nos referimos a adoptar una postura conformista o pasota. Nos referimos a aprender a apagar el piloto automático y entrenar nuestra atención para centrarla en el momento presente. Vivimos pensando en el pasado o preocupándonos por el futuro y rara vez estamos plenamente conscientes de lo que está sucediendo enfrente de nosotros.

En el presente suceden cosas maravillosas que nos podemos estar perdiendo como una buena conversación con un amigo, el sabor del café por la mañana o los colores del parque por el que pasamos diario. Pero también en el presente existen problemas y situaciones incómodas que preferiríamos ignorar. Estar centrados en el aquí y el ahora nos permite reaccionar de modo consciente y disfrutar las cosas más simples de nuestra rutina.

  1. Afrontar situaciones difíciles desde la aceptación y la objetividad.

¿Te suenan frases como “Esto es lo peor que me podría estar sucediendo ” ,”nunca lo superaré ” o “no podré cambiar esto jamás”?. El modo que tenemos de hablarnos puede generarnos bloqueos o intensificar innecesariamente las emociones que acompañan una situación de crisis.

Desde la TCC utilizamos técnicas para ayudarte a poner en perspectiva esos pensamientos y cuestionar si son reales o no. Además existen muchas técnicas para solucionar los problemas de un modo más eficaz.

  1. Cultivar emociones positivas.

Los seres humanos tendemos a recordar y vivir con mayor intensidad las emociones desagradables por simple evolución: si la emoción no es lo suficientemente desagradable no me impulsa a modificar algo y si no la recuerdo tiendo a caer en el mismo error. También es común que intentemos evitar las emociones “negativas”, con lo cual acabamos dándoles más atención.

Esperamos que las emociones positivas provengan de factores externos (como el que los demás me hagan sentir bien, de bienes materiales o de vivencias agradables), lo cual puede suceder, pero ¿cuántas veces hacemos algo de modo consciente por cultivarlas?

La gratitud, la compasión, el perdón y la empatía se pueden desarrollar. Desde el mindfulness, se trabaja con estas emociones para hacerlas más presentes en nuestro día a día, mejorando no sólo nuestro bienestar psicológico sin no el físico también.

No tenemos que esperar a encontrarnos muy mal para buscar ayuda. Así como invertimos mucho tiempo, dinero y esfuerzo en nuestros estudios, nuestra apariencia física o en nuestra salud física podríamos cuestionarnos si nuestro bienestar emocional es algo en lo que merecería la pena trabajar.

Consultar un psicólogo puede suponer el cambio que necesitas.

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