El rey destronado. Celos entre hermanos (Parte 1)

Párate a pensar por un momento cuál sería tu reacción si tu marido o mujer aparece un día en casa con un amante y te dice que a partir de ahora los tres vais a formar una feliz pareja. ¿Qué pensarías? ¿Cómo te sentirías? De repente tu vida cambia, ya no eres el centro. A partir de ahora el tiempo que te dedique se reduce, los mimos se dividen… ¡Todo cambia! Algo parecido es lo que ocurre cuando nace un nuevo hermano. Llega un príncipe para destronar a un rey que, hasta ahora, había sido el centro de todas las atenciones y cuidados. Y junto con el nuevo huésped llegan los celos, el estrés, la rebeldía… ¡Toda una guerra civil de emociones!

Lo primero que debemos saber es que experimentar celos es una reacción normal, temporal y que favorece que nuestro hijo se adapte a la nueva situación. Es de esperar que pasado un tiempo, y si se manejan bien las situaciones de conflicto, el niño se acomodará a esta nueva realidad y las respuestas emocionales y comportamentales se irán suavizando.

Un segundo aspecto a tener en cuenta es que no todos los niños manifiestan de la misma forma los celos. En general los celos suelen ser más intensos entre los dos y los tres años y cuando los hermanos son del mismo sexo. También observamos un incremento de los celos cuando la diferencia de edad entre hermanos es menor de dos años y medio, debido a que ambos tienen necesidades muy similares y el grado de dependencia de los padres es muy alta. Por último, si el niño tiene baja tolerancia a la frustración, es probable que los celos se manifiesten con rabietas y llamadas de atención “exageradas” (romper juguetes, desobediencia, gritos…)

¿Cómo puedo saber si mi hijo está celoso?

Sabemos que el 90% de los niños experimentan cambios conductuales con el nacimiento de un hermano, así que es muy probable que tu hijo esté dentro de este porcentaje. También sabemos que aunque no todos los niños reaccionan igual, entre las manifestaciones más frecuentes encontramos:

Rebeldía

La desobediencia, agresividad o negativismo son comportamientos típicos cuando los celos son muy intensos, siendo el principal objetivo: conseguir la atención perdida. En algunos casos puede aparecer insultos, agresiones a personas aunque no tenga relación directa con el niño o destrozos de objetos.

Llamadas de atención

Éstas varían en función de la creatividad e imaginación del niño, ¡las hay de todo tipo! Pueden hacer sonidos extraños, saltar, interrumpir conversaciones, engancharse a la pierna… Hay que armarse de paciencia porque el repertorio es amplio y variado.

Aislamiento

Hay niños que con el nacimiento de un hermano se sienten inseguros y prefieren resguardarse en su propio mundo. Aunque en estos casos dan menos guerra, impide que continúen adelante en el proceso de socialización tan importante en estas etapas del desarrollo.

Lloros

Funciona como un estupendo método de presión. Cuando el niño llora suele conseguir lo que quiere y esto hacer que se acostumbre a interactuar llorando. Lo recomendable es ignorar el lloro cuando lo utiliza para relacionarse, al mismo tiempo que se anima y refuerza cuando se relacione correctamente (Ejemplo: “Mamá ¿juegas conmigo?”, “¿Podemos ir al parque?”)

Come y duerme mal

Pesadillas, despertares nocturnos o falta/aumento de apetito suelen ser resultado del período de estrés por el que pasa la familia con la llegada del nuevo bebé. El ambiente cambia y el niño tiene adaptarse a estos cambios aunque es esperable que pasado un tiempo, vuelvan a regularse estos hábitos.

Relación amor-odio con el hermanito

En el primer caso suelen creer que sus padres le harán más caso si cuidan de su hermano. Cuando esta es la motivación, suelen manifestar los celos cuando están a solas con el bebé. En el caso del “odio”, la motivación principal es fastidiar al bebé. Suelen despertarlos, darle pequeños pellizcos, tocarles la cara, abrazos excesivamente fuertes…

Somatizaciones

En ocasiones nuestro hijo puede quejarse de dolores de tripa, de cabeza o de malestar general. Suelen ser fruto de la tensión y aunque hay que estar pendientes de estos síntomas, tenemos que evitar ser “chantajeados” con estas dolencias.

Conductas regresivas

Suelen hacerse para recuperar la atención perdida. Por ejemplo: hablar como un bebé, pedir de nuevo el biberón o el chupete, querer dormir en la cuna… Pero también podemos encontrarnos con problemas como: volver a mojar la cama o las pesadillas. En estos casos, las causas suelen ser los altos niveles de estrés y ansiedad.
Aunque son muchos los cambios que experimentará tu hijo mayor, no hay que rechazar la aparición de los celos. Tu esfuerzos deben ir orientados a hacer de estas reacciones una experiencia positiva y necesaria para el desarrollo social, cognitivo y emocional de tu hijo.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *